
La sequedad vaginal puede aparecer en diferentes momentos de la vida, especialmente cuando existen cambios hormonales. Puede producir escozor, irritación, sensación de tirantez, pequeñas fisuras o molestias durante las relaciones sexuales. Estudiamos por qué ocurre y buscamos el tratamiento más adecuado para recuperar el confort y la salud íntima.
Picor, escozor, irritación, fisuras, dolor o molestias persistentes en la vulva no deberían normalizarse ni tratarse siempre como una infección. Una valoración especializada permite identificar qué está ocurriendo y establecer un tratamiento y seguimiento adecuados.
El liquen escleroso vulvar es una enfermedad inflamatoria crónica que puede confundirse con infecciones, sequedad o irritación, retrasando su diagnóstico. Puede provocar picor, dolor, fisuras o cambios en la piel de la vulva. Su detección y seguimiento especializado son importantes para controlar los síntomas, prevenir complicaciones y cuidar la salud vulvar a largo plazo.
Una causa frecuente de reglas irregulares. Lo abordamos desde una visión integrativa y holística para mejorar ciclo, síntomas (como acné o exceso de vello) y bienestar metabólico (energía, apetito, peso), con un plan personalizado.
Sentir dolor durante o después de las relaciones sexuales no es algo con lo que tengas que aprender a convivir. Puede estar relacionado con sequedad, alteraciones vulvares, suelo pélvico, cambios hormonales u otras causas. Diagnosticamos el origen del dolor para poder abordarlo de forma personalizada, sin normalizarlo ni recurrir a soluciones rápidas.
Cuando la salud íntima se ve afectada por cambios hormonales, sequedad, molestias o alteraciones de los tejidos, existen diferentes opciones de tratamiento. Estudiamos cada caso de forma individual para determinar si los tratamientos regenerativos ginecológicos pueden ayudarte a recuperar bienestar, confort y calidad de vida.
Los síntomas pueden comenzar antes de que se produzca la menopausia (12 meses sin regla), durante la etapa de la transición a la menopausia (perimenopausia). Los más habituales suelen ser: sofocos, insomnio, ansiedad/irritabilidad, niebla mental, fatiga, depresión de nueva aparición, dolores articulares y musculares, migrañas recurrentes. pérdida de la líbido, dolor en las relaciones sexuales o infecciones vaginales y urininarias de repetición.
El 75% de las mujeres presentan alguno de estos síntomas, de las cuales, el 25% manifiesta que han repercutido muy negativamente en su calidad de vida. Y esto puede cambiar.
Valoramos si tiene sentido para ti, en qué momento estás, qué síntomas quieres mejorar y qué opciones son las más adecuadas (hormonales y no hormonales), con una decisión informada y sin prisa. La vía, la dosis y el tipo de terapia se deciden según cada caso, estudiando el perfil de seguridad y la tolerancia. Te proponemos un plan coherente según tu sintomatología y objetivos personales.
Antes de que aparezcan problemas de osteopenia u osteoporosis, es posible valorar tu riesgo real y actuar con una estrategia clara para proteger el hueso y mantener su función a largo plazo. Analizamos el riesgo de fragilidad y fractura, medimos la pérdida de masa ósea asociada a los cambios hormonales enfocándonos en la prevención y proponemos una estrategia personalizada con el objetivo de mantener nuestros huesos fuertes a largo plazo.
En esta etapa el cuerpo puede responder distinto aunque tú no hayas cambiado nada. Lo abordamos con una mirada específica: sensibilidad a la insulina, composición corporal, apetito, descanso y riesgo cardiometabólico.
A partir de los 40, síntomas como la niebla mental, dificultad para concentrarse, cambios de memoria, mareos, hormigueos, alteraciones del sueño, dolores de espalda e incluso migrañas, pueden aparecer o empeorar y no conviene asumirlo sin más. La clave es entender qué está pasando y tener una ruta clara. Valoramos cada caso de forma individual y ejecutamos un plan de acción personalizado para mejorar tu calidad de vida.
A partir de los 40 (y también tras partos o cirugías), los cambios hormonales y del tejido pueden hacer que aparezcan síntomas muy comunes como son las pérdidas de orina o la urgencia urinaria. Escapes al reír, toser, saltar o correr y la sensación de “no llego al baño” de manera habitual. Identificamos la raíz del problema y preparamos un plan adaptado a tus necesidades.
Algunas mujeres, llegada la menopausia, comienzan a sentir molestias persistentes en la zona de la pelvis que identifican como presión, dolor “sin explicación clara” o sensación de músculos contraídos de forma constante. Nuestro equipo de especialistas evalúa y realiza un diagnóstico con el fin de buscar un tratamiento que resuelva el problema.
El deseo no se “ordena”, se construye cuando el cuerpo está cómodo, la mente no está en alerta y la relación (contigo o con tu pareja) acompaña. En Delbas Clinic identificamos qué es lo que lo está pasando y tus necesidades para recuperarlo con realismo. Además, al manejarlo de forma integral junto a ginecología la evolución suele ser más favorable. Porque el deseo y el placer no dependen de una sola cosa: influyen el cuerpo, los cambios hormonales, el dolor, el estrés, la relación, la autoestima y el momento vital. Hay que conectar las piezas y organizarlas.
Muchas dificultades sexuales no dependen solo de factores emocionales o relacionales, sino también de aspectos físicos, hormonales o estructurales. En el caso de que tu trastorno sexual se caracterice por la contracción involuntaria y persistente de los músculos del suelo pélvico en respuesta a la penetración o la anticipación de ella, lo trabajamos desde un enfoque integrativo de sexología y ginecología.
Cuando hay dolor, miedo o tendencia a evitar las relaciones, no se fuerza nada. Se construye una vuelta a la intimidad progresiva, cuidada y con sentido. Evaluamos y tratamos tanto la parte física como la emocional.
El malestar sexual también impacta en la pareja y, aunque no en todos los casos es necesaria la terapia, en algunos conviene hacerlo o bien de forma individual o incorporando a la pareja como parte del proceso terapéutico. Creamos un espacio seguro para hablar claro, sin sentirte rara, sin culpa y sin que nadie minimice lo que te pasa.
Cuando los sofocos, las noches sin descansar o los cambios hormonales hacen que no te sientas como antes.
Comes como antes, pero tu cuerpo ya no responde igual: tienes más hambre, menos energía o notas cambios que no entiendes.
Valoramos cómo están tus huesos y qué necesitas para cuidarlos, tanto si quieres prevenir como si ya tienes un diagnóstico.
Te cuesta concentrarte, tienes más despistes o sientes que la cabeza va más lenta. Esa «niebla mental» merece atención.
Te acompañamos en cada etapa con una mirada integral y un cuidado médico adaptado a ti.